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Replantear la situación

El día de ayer estaba sentado en las sillas y mesas plegables de un hotel y estaba viendo en las noticias una nota sobre unos soldados norteamericanos que murieron en un ataque en Afganistán, algo que a mi parecer para los soldados es simplemente una más de estas situaciones.

No obstante, estas situaciones que pasan al menos tres veces al mes están causando bajas innecesarias en las líneas norteamericanas y aliadas simplemente por hacer lo que no deben de hacer y por no escuchar a las voces del pasado, en especial aquellas que se quedaron en las selvas de Vietnam.

Naturalmente, la situación en Iraq, Yemen y otros lugares de Medio Oriente es distinta a la situación en Vietnam, tan solo en cuestiones de terreno y de armamento, sobre todo en las filas norteamericanas, ya que el día de hoy es posible, si realmente se quiere, entrar y limpiar posiciones enemigas sin encomendar a un solo soldado; sin embargo, el alto mando prefiere ahorrar presupuesto aunque se gasten algunas vidas en la tarea.

Los Aliados en estas campañas de Oriente Medio están utilizando en gran medida las mismas tácticas que se usaban en Vietnam, como la búsqueda y destrucción de un enemigo que se siente cómodo en su tierra natal y que es difícil que se dé un enfrentamiento frontal, ya que de hacerlo serán destruidos, ya que en Medio Oriente simplemente no son buenos combatientes.

Sin embargo, cualquier escuadra de soldados que pelee con las condiciones a su favor será de una u otra manera un combatiente efectivo y causará bajas a sus enemigos en cada enfrentamiento, algo que poco a poco va afectando a la mente del soldado extranjero, de la misma manera que una gota al caer millones de veces en el mismo lugar destruye a la piedra.

Por esta razón es que la mayoría de los soldados quienes regresan de los territorios de Medio Oriente lo hacen con un severo caso de estrés postraumático, lo que conlleva muchas veces al suicidio, divorcio o simplemente al aislamiento social, una condición que todos los soldados que de ahí regresan sufren en algún momento u otro.

Esto no solo es malo para la moral del ejército, sino también para la opinión pública, quienes a fin de cuentas pueden lastimar el esfuerzo de guerra de manera importante y sobre todo a  los nuevos reclutas quienes nunca deben de pensar desde el inicio que la cosa no ira bien, ya que la moral es crucial para el buen resultado de las operaciones especialmente al momento de llevar operaciones a territorio enemigo donde uno siempre debe de confiar en sí mismo y en sus compañeros.

Desde mi punto de vista, las tropas deben de dejar de buscar al enemigo y hacer que éste venga a ellos, donde serán destruidos sin ninguno o pocos problemas, ya que hay pocas cosas tan estresantes como ir en un convoy de ciudad a ciudad sabiendo que la probabilidad de ser volado por una mina es muy alta.

Me parece que se debe replantar la situación.

Decisiones claves

Hace unos días estaba viendo un manual acerca del tratamiento del pie diabético. En la biblioteca donde hacía mi consulta, encontré un interesante manual acerca de la curación de heridas a lo largo de la historia y me llamaron la atención, sobre todo, los métodos de curación que utilizaba el ejercito rojo en los años de la Segunda Guerra Mundial, durante los turbulentos tiempos de la invasión alemana a la U.R.S.S., una operación que estaba hundida desde el principio, aunque parecía totalmente lo contrario al momento de hacer planes y durante los primeros meses de la invasión.

La planeación inicial de la Operación Barbarossa era buena y adecuada; sin embargo, la estrategia inicial se descompuso tremendamente tras el paso de los meses y al estar los alemanes inmersos en territorio soviético, donde poco a poco fue evidente que habían caído en un pantano del cual no podrían salir nunca con vida.

El primer día del combate, el 75% de la Fuerza Aérea Soviética fue abatida sin ni siquiera poder despegar, una catástrofe por la cual el comandante soviético de la fuerza aérea tuvo que cometer suicidio, una tradición que existía en el ejercito soviético, que dictaminaba el suicidio después de una catástrofe, para evitar el tremendo deshonor de dar la noticia cara a cara al Comandante Supremo Joseph Stalin.

A su vez, tan solo tres días después de comenzar la ofensiva alemana en el este, un ejercito soviético de 300 mil efectivos fue rodeado y tomado prisionero, abriendo el camino a los NAZIS hacia Moscú, por lo que las ciudades de Smolensk y Studienka cayeron tras una heroica resistencia por un pequeño puño de soldados, quienes pudieron milagrosamente escapar el encarcelamiento inicial.

No obstante, los soviéticos, aunque sufrían enormes pérdidas en el frente, hacían muy habilidosamente una combinación de retirada y ataque perfecto, que hacía que los alemanes también perdieran muchos soldados en cada enfrentamiento, además de hacerse una reputación feroz, hacer pensar a los alemanes que no tomaban prisioneros, sino que los asesinaban.

Esto nunca fue verdad, ya que los pocos prisioneros que podían tomar en el inicio del conflicto eran invaluables, debido a la información que podían extraer de ellos, ya que el servicio de inteligencia soviético no podía decodificar los mensajes alemanes, aunque los británicos le enviaban la información correcta; sin embargo, los rusos no confiaban enteramente en sus aliados occidentales, además de que Stalin sabía muy bien que Churchill le detestaba y tenía una opinión muy baja sobre él y sobre el ejército ruso, algo que cambió conforme se desenvolvía la guerra y a medida que los soviéticos combatían con una garra nunca antes vista en la historia de la humanidad.

De hecho, Stalin probó ser un hombre muy sabio y un buen estratega, quien entendía la situación en el frente mejor que la mayoría de sus generales, excepto por el general Chuicov, quien agarró a los alemanes de los talones en Stalingrad y les cortó el cuello en Berlín.

La astucia de Stalin se probó desde antes que explotara el conflicto entre rusos y alemanes, al trasladar todas sus fábricas hacia el este, pasando los montes Urales cerca de las planicies de Siberia, de este modo imposibilitando que los alemanes las capturaran, lo que hubiera sucedido de no haberlas cambiado.

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