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Las mejores formas de aprovechar el verano

Con el mes de julio cada vez más próximo, no sólo hay que prepararse para la continuidad de las lluvias y el calorcito, sino también para el periodo más largo de las vacaciones escolares.

Sin duda, es una de las temporadas que más esperábamos de niños; pero los que ahora somos papás, no dejamos de sentir cierta inquietud respecto a cómo reorganizar las dinámicas familiares.

No es que no sepamos “qué hacer con los niños”. Está claro que lo principal es que descansen, se diviertan y se olviden de madrugar… por un tiempo. También está la gran oportunidad que se nos presenta para convivir más con ellos y de una forma distinta.

En temporada de clases suelen generarse ciertas tensiones, por los pequeños contratiempos del día a día; no se levantaron temprano, se les olvidó la tarea, perdieron un libro o rompieron en el uniforme.

Problemas como esos entran en pausa durante las vacaciones, pero aunque nos esforcemos por evitarlo, hay otros que se desencadenan, debido al exceso de tiempo libre; sus cosas están regadas por toda la casa, no se despegan de la televisión o la computadora, o quieren estar todo el día fuera.

Otra situación que muchas familias viven durante las vacaciones es el no tener con quién dejar a los niños mientras los papás trabajan. En temporada de clases, pasan una buena parte del día en la escuela y por lo general uno de los padres o un familiar organiza sus horarios de trabajo para pasar la tarde con ellos. Pero, claro, no es lo mismo arreglárselas para terminar la jornada laboral unas horas más temprano, que disponer de todo el día.

Por suerte, hoy en día existen varias alternativas para evitar que una de las temporadas más felices de la infancia se convierta en la pesadilla de los padres. Si desde ahora están preocupados por la cantidad de tiempo libre que tendrán sus niños, mejor empiecen a ocuparse y consideren alguna de las siguientes opciones.

  1. Inscribirlos a cursos de verano

Recuerdo a mi abuelita diciendo que estos eran recursos para papás irresponsables que buscaban librarse de sus hijos. Pero lo cierto es que si bien me la pasaba muy a gusto en casa, precisamente bajo el cuidado de mis abuelos, a veces envidiaba a los niños que iban a cursos de verano. Visitaban lugares, aprendían cosas y tenían muchos amigos nuevos.

curso-verano

Es cierto que los cursos de verano facilitan la vida de los papás que no pueden estar cada momento del día con sus hijos, pero ante todo, están diseñados para que los niños disfruten y aprovechen su tiempo libre. Y lo mejor es que hay opciones para todos los gustos y presupuestos; talleres de manualidades, viajes, paseos, cursos de inglés fácil, actividades deportivas y muchas cosas más. Otra ventaja de los cursos de verano es que si bien son divertidos y con actividades agradables, mantienen a los niños dentro de una rutina, lo cual les permite adaptarse mejor cuando vuelven a clases.

  1. Involucrarlos en las actividades del hogar

Si mamá o papá llevan a cabo sus actividades en casa y pueden quedarse a cargo de los niños, las vacaciones son una buena oportunidad para enseñarles a colaborar. Es cierto, al principio los pequeños no estarán muy felices y tampoco se trata de que pasen todos los días ordenando su habitación o ayudando en los quehaceres. Pero sí se les puede proponer una agenda con algunos días para colaborar en casa y otros para jugar y pasear.

cocinar

Además, hay actividades que pueden resultar divertidas para los pequeños, como ayudar a cocinar (siempre supervisados por un adulto), cuidar el jardín o bañar a la mascota.

  1. Ayudarlos a cultivar un buen hábito

Mucho se habla de lo importantes que son ciertos hábitos, como leer, hacer ejercicio o alimentarse sanamente. Las rutinas del trabajo y la escuela suelen frenar nuestras buenas intenciones, pero al contar con más tiempo disponible, se nos acaban los pretextos.

leer

Las vacaciones pueden ser un gran momento para motivar a los pequeños a leer un poco cada día, a practicar un deporte o a disfrutar de refrigerios nutritivos. No hacen falta presiones ni regaños; sólo hay que aplicar constancia y esfuerzo, y pronto esas prácticas serán tan naturales, que se mantendrán al volver a la rutina.