La compañía de India

Hace dos días, al regresar de un gran viaje a los Cabos, vi un anuncio de publicidad en exteriores sobre viajes a la India, un anuncio donde la fotografía y gráficas digitales eran de tan alta calidad que en ese momento hubiera querido agarrar un avión hacia aquel viejo y misterioso país.

En ese momento, probablemente debido a aquel anuncio, comencé a recordar algunas historias que me contaba mi abuelo sobre la India, cuando ésta era británica, ya que él pasó algún tiempo ahí durante la Segunda Guerra Mundial, practicando tácticas de bombardeo a blancos estratégicos que habrían después de usar en el norte de África, para cubrir al octavo ejército británico de los ataques de la fuerza aérea alemana y para resguardar a Egipto de las fuerzas del general Rommel, cuya misión era el apoderarse del Canal de Suez.

La presencia británica en la India comenzó de una manera un poco extraña en el año de 1612, tan solo cinco años después de haber formado la colonia de Jamestown en Virginia.

Las primeras embarcaciones que llegaron a la India lo hicieron debido al olfato de oportunidad de algunos marineros británicos, quienes habían escuchado historias de navegantes chinos sobre las especies que se es posible conseguir en la India y sobre la navegabilidad de su mares y ríos.

En esos años, la India se encontraba desmantelada políticamente, debido a las innumerables guerras entre los inmensamente poderosos señores feudales locales, cuyos palacios y jardines parecían haber sido extraídos de un sueño, donde la flora y la fauna eran tan exóticas que parecían pertenecer a las galerías escondidas de las mejores obras del autor del universo.

El primer puesto comercial fundado por marineros y comerciantes ingleses fue un edificio venido muy a menos en el puerto de Surat, donde recolectaban algodón, cera, especies exóticas de té y hasta semillas de plantas extrañas, para después enviarlas y venderlas en las principales ciudades de Europa.

Estos comerciantes británicos comenzaron a producir tanto dinero que pronto se expandieron a lugares como Bombay y Bengala, donde obtuvieron un éxito comercial tremendo, probando ser mucho más lucrativas que las obscuras colonias de Norteamérica.

Para poder controlar estos centros de comercio, grandes conglomeraciones de marineros británicos formaron una empresa conocida como “The East India Company”,  financiada por ellos mismos y ganando de ella de manera abundante.

Sin embargo, el éxito comercial no pasó desapercibido, lo que comenzó a traer los ojos de los persas y algunos principados hindús, quienes causaron muchas revueltas, lo que hizo que los comerciantes británicos se convirtieran en soldados y fortificaran sus centros de comercio con muralla, cañón y buques.

Los príncipes hindúes decidieron que la única manera de poder hacerle frente a esa compañía sería con un poderoso aliado que odiara a los británicos como al diablo mismo, tal era el caso de Francia, quien se alió con los príncipes locales y le declaró la guerra a la compañía inglesa, algo que llamó inmediatamente la atención de la corona británica, quien apoyo a sus súbditos con todo un ejército, mismo que derrotó a los franceses y sus aliados.

Después de esa guerra, Inglaterra se hizo de toda la India, quien se independizo hasta después de la Segunda Guerra Mundial.            

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