¿Y si es la felicidad?

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Hay una viñeta de Mafalda en la que vemos a la mamá de la pequeña saliendo de casa, para dirigirse al mercado; antes de partir, no olvida transmitir la típica recomendación adulta para estas situaciones: “No le abras a nadie”. Cuando la señora está a punto de subir al elevador, escucha el llamado de Mafalda, quien se asoma por la puerta para preguntarle: “¿Y si es la felicidad?”.

Una de las genialidades de esta historieta es su capacidad de transmitir, desde el punto de vista sencillo y candoroso de la niñez, concepciones e ideas acerca de los asuntos más importantes de la vida. En este caso, la felicidad se entiende como esa racha de bienestar, que puede llegar cuando uno menos se lo espera. Detrás también puede estar la idea más compleja de que la felicidad es una especie de providencia, que tiene a sus elegidos y sólo a ellos se manifiesta; si bien cabe la posibilidad de hacerse digno, mediante virtudes y acciones, de ser uno de los favoritos de la felicidad.

En relación con el tema, existen concepciones que a mi parecer son mucho más simplistas y que colocan a la felicidad al nivel de un platillo, que se puede preparar a partir de una receta. Seguramente han leído alguno de los muchos artículos que hay en internet, acerca de las trece recomendaciones para ser feliz, según un estudio de la Universidad de Harvard. Me resistí por mucho tiempo a leer esta información, pues algo me decía que terminaría enfadado. Y, en efecto, el instinto no me falló.

Me parece formidable que el tema de la felicidad se discuta en las aulas universitarias. De hecho no es ninguna novedad para disciplinas como la filosofía o la psicología. También estoy de acuerdo en que la felicidad se asuma como algo por lo que se debe trabajar. Lo que me parece una banalización (y quizá esto sea responsabilidad de la información que circula en internet y no del curso al que se hace referencia) es que esa búsqueda de la felicidad, que muchos filósofos han considerado un trabajo de toda la vida, se vea reducido a 13, 18, 40 o n tips.

En ese sentido, me parece mucho más interesante una propuesta que también conocí recientemente y que describe a la felicidad como un ideal hacia el que se avanza tanto mediante un esfuerzo individual, como a partir de trabajos conjuntos entre pueblos, comunidades y países. El autor de esa propuesta es William Soto Santiago, presidente ejecutivo de la Embajada Mundial de Activistas por la Paz (EMAP).

De acuerdo con este académico, investigador y activista por la paz, la felicidad no sólo está relacionada con el cuidado que cada quien debe tener de su persona y con el trabajo que debe hacer para superarse. Las condiciones sociales, económicas, políticas y ambientales también influyen en el bienestar de las personas y por más que se esfuercen, los individuos aislados no pueden hacer frente y generar soluciones a tales problemas. Por ello es que también se necesita de la colaboración, coordinada por instituciones, organizaciones y gobiernos.

Esta semana, la EMAP lleva a cabo la segunda Cumbre de Integración por la Paz (CUMIPAZ), en la ciudad de Asunción, Paraguay. La conferencia inaugural, dictada por Soto Santiago, ahondó en la importancia de considerar a la felicidad como uno de los objetivos más importantes para la humanidad. También destacó la necesidad de trabajar por ese objetivo desde ámbitos como la política, la justicia y el desarrollo ambiental. Propuestas como ésta, sumadas a las iniciativas individuales, realmente podrían abrirnos las puertas de la felicidad.

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